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Jesús es la palabra que habita en nosotros y nos invita a seguirlo

Jesús es la palabra que habita en nosotros y nos invita a seguirlo

Mensaje semanal. Enero 26, 2026 │ Jesús es la palabra que habita en nosotros y nos invita a seguirlo

Jesús realiza su ministerio evangelizador predicando la buena noticia del Reino de Dios y curando a las personas enfermas. Jesús sigue realizando su ministerio en el mundo por medio de nosotros, sus discípulos misioneros, cuando fieles a su enseñanza proclamamos la Palabra de Dios y ayudamos a los demás a sanar sus dolencias y superar sus limitaciones.

En este Domingo de la Palabra de Dios, tomamos como lema un versículo de Colosenses (3,16): La palabra de Cristo habite en ustedes. La Palabra de Dios debe ser escuchada como una orientación espiritual para nuestra vida y hemos de guardarla en el corazón para que habite en nosotros y permanezca, y desde nuestra conciencia pueda salir al encuentro de los demás.

La palabra de Cristo es proclamación del Reino por el cual nuestros pensamientos son configurados, nuestros deseos son orientados hacia este reino, y nuestras acciones reflejan con fidelidad los criterios de Dios para nuestros ambientes.

La palabra de Cristo, cuando habita en nuestro ser y la dejamos que permanezca, tiene la fuerza divina – espiritual para sanar aquellas áreas de nuestra vida que están heridas o en duelo. La eficacia de esta palabra divina va más allá de nuestras limitaciones y carencias, y nos permite constatar con gozo que es el mismo Dios quien, habitando en nuestro corazón, nos capacita para transmitir una buena noticia de salvación que ilumine la realidad en que vivimos.

La lectura de Isaías anuncia la presencia de una luz que resplandece en medio de un pueblo que camina en tinieblas. Esta luz trae consuelo y alegría, engrandece a quienes la reciben y los anima a permanecer en la presencia de Dios. En los momentos en que sentimos caminar en tinieblas, la Palabra de Dios es luz para nuestros pasos y gozo para nuestro corazón.

El salmo que hoy cantamos, El Señor es mi luz y mi salvación, es una respuesta confiada a esta presencia luminosa que aparta de nosotros el miedo y que nos impulsa a desear vivir en la casa del Señor toda mi vida. La experiencia de sanación y liberación que la luz del Señor nos trae nos hace disfrutar de las bondades del Señor y estar continuamente en su presencia. Esta luz nos arma de valor y fortaleza ante la adversidad y alimenta nuestra confianza en el Señor.

Estamos concluyendo la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, y el texto de san Pablo a los Corintios nos invita a vivir en concordia y superar las divisiones y discordias entre los fieles cristianos. Hemos de vivir perfectamente unidos en un mismo sentir y en un mismo pensar. Si la Palabra de Dios habita en nosotros, y nuestros pensamientos y acciones están iluminados y sostenidos por esta presencia, es consecuencia espiritual que quienes caminamos juntos podemos superar partidismos, para no hacer ineficaz la cruz de Cristo, sino colaborar en armonía en la evangelización de nuestra sociedad.

En el Evangelio, vemos a Jesús llamando a sus primeros discípulos, en medio de su profesión de pescadores y de su realidad familiar: Síganme y yo los haré pescadores de hombres. Este llamado sigue llegando a toda persona que, en medio de los desafíos de su profesión y de su realidad familiar, busca responder de la mejor manera, no sólo como un deber moral o una obligación social, sino como una verdadera vocación de discípulo del Señor para luego ser misionero del Evangelio que ha recibido. Respondamos con entusiasmo al llamado de Cristo en el servicio a los demás.