AUDIENCIA GENERAL
Catequesis – Los Documentos del Concilio Vaticano II.
I. Constitución dogmática Dei Verbum 3. Un único depósito sagrado.
La relación entre la Escritura y la Tradición.
Este miércoles 28 de enero, el Papa León XIV continuó su ciclo de catequesis en la Audiencia General dedicado a los documentos del Concilio Vaticano II, con especial atención a la Constitución dogmática Dei Verbum sobre la Revelación divina. En un clima de recogimiento y atención, el Santo Padre explicó cómo la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición forman un único depósito de la Palabra de Dios, vivo y dinámico en la historia de la Iglesia.
Tomando como punto de partida pasajes del Evangelio en los que Jesús promete el Espíritu Santo para guiar a los discípulos a toda la verdad y el mandato misionero de Galilea, el Pontífice subrayó la conexión íntima entre las palabras de Cristo y su transmisión en la vida de la Iglesia a lo largo de los siglos.
La Dei Verbum afirma que la Sagrada Escritura y la Sagrada Tradición están tan estrechamente unidas que forman un solo depósito de la Palabra de Dios y tienden al mismo fin, porque proceden de la misma fuente divina. Esta Tradición apostólica no permanece estática, sino que se desarrolla en la Iglesia con la ayuda del Espíritu Santo, mediante la contemplación, el estudio de los creyentes y sobre todo, la predicación de los sucesores de los Apóstoles, que han recibido “un carisma seguro de la verdad”.
Recordando las palabras de los Padres de la Iglesia, el Papa recordó que “la Sagrada Escritura está escrita en el corazón de la Iglesia antes que en los documentos materiales” y que “la Palabra de Dios crece con quienes la leen”, expresión de San Gregorio Magno que evidencia la vitalidad del mensaje divino en la vida de los fieles.
León XIV destacó que este “depósito” de la fe que incluye doctrina, culto y moral, no es un museo del pasado, sino una realidad viva que guía a la Iglesia en su caminar por la historia, bajo la acción del Espíritu Santo. La Iglesia, custodia de este depósito, está llamada a preservarlo con fidelidad y a transmitirlo íntegro a las generaciones presentes y futuras, para que sea luz para nuestra existencia y brújula para la misión evangelizadora.
En su saludo final, el Papa también hizo un llamado a poner fin al antisemitismo, los prejuicios y todas las formas de opresión, recordando la dignidad de todo ser humano y la necesidad de construir una sociedad basada en el respeto mutuo y el bien común.






































