
En un momento de profunda significación para el caminar diocesano, Monseñor Hilario González García ha designado al Pbro. César Isidro Córdova Castillo como nuevo Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis de Saltillo.
El nombramiento acontece en un año doblemente jubilar: el Padre César celebra 25 años de vida sacerdotal y la diócesis conmemora el 15º aniversario de la promulgación del Plan Diocesano de Pastoral, ese faro que ha orientado el paso firme de comunidades, parroquias y organismos hacia una Iglesia más misionera y corresponsable.
El nuevo vicario releva en esta encomienda al Pbro. Roberto Carlos Campos Castañeda, quien durante diez años sostuvo con entrega y visión la coordinación pastoral, sembrando comunión y método en el corazón diocesano.
“No estoy solo, soy parte de un gran equipo”
Al recibir la propuesta, el Padre César no pensó en un escritorio, sino en un cuerpo vivo.
“Fue para mí un gusto grande”, comparte. “La pastoral es algo que he conocido desde hace 25 años y me apasiona. Estoy convencido de que los modelos prospectivos que la diócesis ha impulsado responden a las necesidades actuales del mundo. Lo primero que pensé fue: no estoy solo. Tenemos un gran equipo y vamos a seguir avanzando”.
Su palabra no suena a improvisación, sino a continuidad consciente. El Plan Pastoral no es un documento archivado, sino una brújula que sigue marcando el norte.
Esperanza que anima, responsabilidad que abraza
¿Qué emoción predomina en su corazón?
“No temor, sino esperanza”, responde con serenidad. Habla de entusiasmo, de responsabilidad compartida, de la alegría de replicar a nivel diocesano lo que ya ha dado fruto en lo parroquial y vicarial.
Se sabe arropado por el presbiterio, por el obispo y por tantos laicos y laicas que, con discreta fidelidad, sostienen la vida pastoral. Su mirada es amplia: reconoce que hay mucho trabajo realizado, pero también muchos pasos por dar hacia el ideal soñado cuando el Plan fue promulgado.
Un legado de comunión
Al referirse al Padre Roberto Carlos Campos Castañeda, su tono es de gratitud sincera.
Reconoce en él una labor ardua, una dedicación constante, una fineza en el trato y un profundo sentido de comunión. “Es un hombre de Dios, trabajador, santo, emprendedor y que sabe hacer equipo”, afirma.
Públicamente le agradece su empeño de más de una década al frente de la Vicaría de Pastoral, su creatividad y su don de gentes puestos siempre al servicio de la Iglesia diocesana.
Un sueño: cercanía y acompañamiento

Si algo desea fortalecer en esta nueva etapa es la cercanía.
No una pastoral de oficina, sino de campo.
No solo planificación, sino acompañamiento.
No distancia institucional, sino fraternidad concreta.
Después de más de quince años sirviendo en la Vicaría de Nuestra Señora de Guadalupe, experiencia que marcó su estilo, está convencido de que la proximidad despeja dudas, anima procesos y fortalece la comunión.
Su sueño es claro: parroquias unidas, presbíteros acompañados, laicos corresponsables, y una diócesis que viva la fraternidad como signo misionero.
Un llamado al EDAP y al presbiterio
Al Equipo Diocesano de Animación Pastoral les expresa reconocimiento y confianza. “Necesitamos seguir caminando juntos. Tenemos mucho que hacer”. La Vicaría de Pastoral no es una oficina aislada, sino un corazón que late en sintonía con todo el cuerpo eclesial.
A los sacerdotes les pide paciencia y confianza. A toda la diócesis, receptividad y espíritu de comunión. Reconoce los talentos inmensos que existen en el presbiterio, en los diáconos y en la vida consagrada. Sin ellos, afirma, no se podrá avanzar.
La imagen bíblica que ilumina esta etapa
Si esta nueva misión tuviera un icono bíblico, el Padre César elige el símil del cuerpo en la Primera Carta a los Corintios.
Primera Carta a los Corintios 12,12–29.
Cada miembro es necesario. Cada parte es valiosa. Cada función es imprescindible.
La Vicaría de Pastoral, el Plan Diocesano y la misma Diócesis están llamados a custodiar esa armonía donde nadie sobra y nadie es insignificante. Una Iglesia que valora la dignidad de cada persona, que se reconoce comunidad y que trabaja hacia adentro y hacia afuera para que el Reino de Dios se haga presente en el mundo.
Una nueva página en la historia diocesana
Este relevo no es ruptura, sino continuidad fecunda. No es punto final, sino punto y seguido en una historia que sigue escribiéndose con el esfuerzo de muchos.
En este año significativo, la Diócesis de Saltillo vuelve a escuchar la invitación del Espíritu: avanzar juntos, con esperanza renovada, bajo la guía de su pastor y con la corresponsabilidad de todo el Pueblo de Dios.
Que esta nueva etapa pastoral sea un tiempo de comunión más profunda, de misión más audaz y de santidad más visible en medio del mundo.





































