El 13 de febrero de 2026, la Santa Sede dio a conocer el Mensaje del Papa León XIV para el tiempo de Cuaresma 2026 titulado: “Escuchar y ayunar. La Cuaresma como tiempo de conversión”, una invitación profunda a vivir este tiempo litúrgico como una verdadera experiencia de encuentro con Dios y de renovación interior.
En este su primer mensaje para la Cuaresma en su Pontificado, el Papa recuerda que la Cuaresma es el tiempo en el que la Iglesia nos llama a volver a poner el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, para que nuestra fe recobre impulso y nuestro corazón no se disperse entre las preocupaciones y distracciones cotidianas. Explica que todo camino de conversión comienza cuando nos dejamos alcanzar por la Palabra de Dios, acogiendo su voz con docilidad de espíritu.
Uno de los ejes del mensaje es la escucha: escuchar la voz de Dios, que nos habla a través de las Escrituras y nos invita a recorrer con Cristo el camino que sube a Jerusalén, donde se realiza el misterio de su pasión, muerte y resurrección. En un mundo saturado de voces, la escucha se presenta como una disposición interior que nos hace sensibles a la realidad y al clamor de los pobres y de quienes sufren.
La Cuaresma es también tiempo de ayuno, una práctica que nos ayuda a discernir qué es esencial y a disciplinar nuestros deseos. El Papa subraya que el ayuno va más allá de la abstinencia de alimentos: es una forma de purificación que nos hace más receptivos a la Palabra de Dios, educa nuestro deseo de justicia y nos libera de la resignación.
Entre las invitaciones concretas, el Santo Padre propone un ayuno que llegue incluso a la lengua, exhortándonos a “desarmar el lenguaje” para renunciar a las palabras hirientes, al juicio inmediato, a hablar mal de quienes están ausentes o a las calumnias. Esta práctica, dice el Papa, puede transformar nuestras relaciones y abrir espacios más amplios para la voz de los demás y el diálogo respetuoso en todos los ámbitos de la vida.
El mensaje también subraya la dimensión comunitaria de la Cuaresma: parroquias, familias, grupos eclesiales y comunidades religiosas están llamados a vivir juntos la escucha de la Palabra de Dios y la práctica del ayuno, haciendo de su camino cuaresmal un tiempo de apertura al clamor de los que sufren y de solidaridad con los más necesitados.
Finalmente, el Papa anima a que nuestras comunidades se conviertan en espacios de acogida y liberación, donde la escucha recíproca y el compromiso por la justicia sean signos vivos de la civilización del amor que Cristo nos revela.






































