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MENSAJE DEL OBISPO

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MONS. HILARIO GONZÁLEZ GARCÍA

Estamos por concluir el año litúrgico guiados por el Evangelio de Lucas, que nos ha conducido desde el ministerio en Galilea hasta el Misterio Pascual en Jerusalén, fortaleciendo nuestro discipulado y misión.

Desde hace nueve años se celebra la Jornada Mundial de los Pobres, impulsada por el Papa Francisco.

  • El Papa León XIV invita a llevar esperanza a quienes viven pobrezas materiales o espirituales.
  • Nos recuerda que el pobre puede ser testigo de una esperanza firme, precisamente desde su fragilidad y marginación.

La verdadera esperanza no se basa en el poder o en los bienes, sino únicamente en Dios, quien es nuestra primera y única esperanza.

El profeta Malaquías anuncia el Día del Señor:

  • Para los que obran el mal será purificación.
  • Para quienes viven con rectitud y temor de Dios, será iluminación y salvación.
  • No hay que temer el encuentro con Dios cuando se vive en fidelidad.

Jesús, al comentar sobre el Templo de Jerusalén, invita a preguntarnos dónde ponemos nuestra seguridad:

  • El Templo puede destruirse; los signos pasan.
  • Cristo, presencia viva de Dios, es la verdadera seguridad, aun en persecuciones y dificultades.
  • Quien ha experimentado su misericordia puede vivir con una esperanza gozosa y confiada.

El cristiano no evade el mundo; se compromete a orientarlo hacia Dios mediante una vida coherente, firme en la fe y alegre en el servicio.

San Pablo exhorta a no abandonar las responsabilidades:

  • La espera del Señor no es excusa para dejar de trabajar o de comprometerse.
  • Se debe dar testimonio mediante el servicio, la rectitud y la fidelidad en la vida cotidiana.

Los cristianos no son superiores ni perfectos, pero viven aquí y ahora la esperanza del Reino, trabajando por un mundo más justo.

  • La misión es servir a Dios y a los demás, siendo promotores de esperanza en medio de las dificultades y tribulaciones.