Inicio La voz del Obispo Mons. Hilario invita a vivir las Bienaventuranzas como criterio del Reino

Mons. Hilario invita a vivir las Bienaventuranzas como criterio del Reino

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Bienaventuranzas

4º DOMINGO ORDINARIO – LAS BIENAVENTURANZAS EN NUESTRA VIDA DIARIA

Las Bienaventuranzas son la enseñanza de Jesús a sus discípulos para hacerlas vida y dar testimonio de que el Reino de Dios es el criterio fundamental de acción comprometida y la fuente del gozo espiritual para los cristianos en el mundo.

La lectura de Isaías nos exhorta: busquen al Señor, ustedes los humildes de la tierra. Hemos de buscar la justicia, la humildad, la concordia, la paz y la redención de las cosas que nos destruyen. Tal vez no seamos una gran multitud al principio, pero cuando somos el resto fiel que confía en el nombre del Señor, y vivimos conforme a la bondad en las acciones, la verdad en las palabras, y la compasión en nuestra conducta con los débiles, entonces brillaremos en medio del mundo y seremos motivo de credibilidad y alabanza para el Señor.

En el salmo cantamos: Dichosos los pobres de espíritu, porque de ellos es el Reino de los cielos. Proclamamos la pobreza de espíritu como una cualidad humana que nos permite manifestar en la vida diaria nuestra cercana relación con Dios, no como personas superiores y potentes, sino como pequeños que no se avergüenzan de tener su seguridad en el Señor. La persona que vive en pobreza de espíritu no es una falta de ánimo, o de entereza y empuje; al contrario, es la sencillez del corazón que permite avanzar con paso sólido en medio de peligros y amenazas de las fuerzas de este mundo.

El pobre de espíritu es dichoso porque sabe con certeza que el Señor es fiel a su palabra, hace justicia y es providente con pobres, huérfanos y viudas; ha sentido la ayuda que libera, la salud que redime y el alivio en medio del agobio. En resumen, ha visto el Reino de Dios en su vida.

Esta categoría del Evangelio no es entendida en nuestro mundo de lucha de poderes, competencia de egos, envidias y traiciones egoístas, desprecio de lo bueno por sencillo y exaltación de lo malo por prepotente. Ser pobre de espíritu en nuestra sociedad de consumo, apariencia, vanidad y gozo superficial parece una cualidad poco atractiva y despreciable.

Pablo nos recuerda que los discípulos de Cristo, llamados por el amor de Dios, distan de ser considerados sabios, poderosos, de la nobleza (de la high), según los criterios meramente humanos; es el criterio divino que nos llama desde nuestras carencias y limitaciones para ser injertados en Cristo Jesús, y así confundir a quienes no pueden enriquecer su persona con la persona de Jesús, para en verdad ser sabios, justos, santos y valiosos a los ojos de Dios Padre, pues nos asemejamos a su Hijo.

El elenco de dichosos por causa del Reino resume el perfil de vida cristiana, que Jesús ha asumido primeramente para ser nuestro modelo, y que nosotros asumimos como bienaventuranzas.

Dichosos al ser pobres de espíritu, somos reflejo creíble del Dios que salva y libera. Dichosos al llorar, porque tenemos el consuelo que viene de Dios, no del mundo. Dichosos en la humildad, porque nuestra herencia es un poder espiritual que supera las expectativas de este mundo.

Dichosos al tener hambre y sed de justicia, porque es Dios quien nos plenifica en toda dimensión. Dichosos al tener misericordia, porque es nuestra medida en el trato con los demás.

Dichosos al tener un corazón limpio, porque vemos a Dios en lo ordinario y lo disfrutamos.

Dichosos al trabajar por la paz, porque somos dignos hijos de Dios. Dichosos al ser perseguidos por buscar la justicia, porque edificamos así una comunidad humana noble. Dichosos al ser perseguidos y calumniados por causa de Cristo, porque somos su presencia.