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Padre Feliciano Villanueva Rodríguez: un ministerio con corazón en la comunidad centenaria del Sagrado Corazón

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El Padre Feliciano deja sembrada una consigna sencilla y poderosa: que el corazón siga siendo el centro.
El Padre Feliciano deja sembrada una consigna sencilla y poderosa: que el corazón siga siendo el centro.

Saltillo, Coahuila. Frente a la Plaza de la Madre, donde la ciudad respira memoria y gratitud, se alza la Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús. Un templo que no sólo custodia una imagen, sino una historia palpitante de fe. Allí, el Padre Feliciano Villanueva Rodríguez ha dejado una huella que él mismo resume en una sola palabra: corazón.

Al ser relevado por el Padre Eduardo Trujillo Mendoza, y en medio del agradecimiento del obispo por su ministerio, la comunidad vuelve la mirada no solo al pastor que se despide, sino al camino recorrido juntos.

Una parroquia que nació de la generosidad y la valentía

La historia del Sagrado Corazón es casi un relato épico tejido con adobe, sillar y valentía. El terreno donde hoy se levanta el templo fue donado por los bisabuelos del Padre Gustavo Ramos Pérez, en particular por Genaro Ramos Martínez. La iniciativa surgió gracias a las tías religiosas Aurelia y Natalia, quienes propusieron dedicar el templo al Corazón Eucarístico de Jesús.

El primer edificio, de adobe, fue construido hacia 1906 y bendecido ese mismo año por el Venerable Jesús María Echavarría Aguirre, quien además obsequió la imagen original del Sagrado Corazón. Aquella pequeña edificación dejó de ser oratorio privado para convertirse en templo de culto público.

Durante la Cristiada, en los años veinte y treinta, la iglesia sobrevivió en la discreción. Para proteger la fe, aparentaron que era una bodega. Las paredes callaban, pero el altar susurraba esperanza. En tiempos donde la fe era perseguida, el Sagrado Corazón latía en secreto.

El primer sacerdote encargado fue el Padre Fidel Domínguez, español, arquitecto de planos y sueños, quien impulsó la construcción del templo de sillar y recaudó fondos con perseverancia. Con el paso de las décadas, el lugar pasó de capellanía a vicaría fija y finalmente a parroquia, atendida en sus inicios desde la Catedral.

Por sus pasillos han transitado pastores como el Padre Alberto Dávila, el Padre Enrique Flores, el Padre Mercado, el Padre Candelario González, el Padre Bernardo “Nayo” González, el Padre Ricardo Martínez Maciel, el Padre Lázaro Hernández Soto, el Padre Francisco Javier Rodríguez Trejo, el Padre Feliciano Villanueva Rodríguez y quien asumirá este año 2026, el Padre Eduardo Trujillo Mendoza.

Es también cuna de vocaciones sacerdotales, como el Padre Alejandro Castillo, el Padre Oscar Misionero Comboniano, el Padre Mario Carrillo Palacios, el Padre Gustavo Ramos Pérez y El padre Genaro Ramos García.Una comunidad que no solo recibe pastores, sino que los engendra.

“Corazón”: el resumen de un ministerio

Al preguntarle cómo resume su paso por esta comunidad centenaria, el Padre Feliciano no dudó:

“Con la palabra corazón”.

Corazón para mantener la unidad entre agentes de pastoral diversos. Corazón para armonizar generaciones. Corazón para sostener la concordia en una comunidad viva y exigente.

Uno de sus mayores retos fue precisamente ese: tejer comunión. Mantener unidos a quienes nacieron en la parroquia y a quienes llegaron después. Organizar, animar, integrar. Que nadie caminara solo.

Una Iglesia que mira a los mayores y a los ranchos

Entre los aprendizajes que esta comunidad le deja, el Padre Feliciano subraya la urgencia de atender a los adultos mayores, a la tercera y cuarta edad, y a los enfermos. Una Iglesia que no abandona a quienes han caminado más años es una Iglesia que honra su propia historia.

Guarda especialmente en el corazón la atención a las comunidades rurales: Aguanueva, Carneros, los ranchitos del sur de Saltillo y, de modo particular, San José de la Joya, donde continúa sirviendo. Allí el Evangelio no llega en eco, sino en presencia cercana, en polvo de camino y saludo sencillo.

Una nueva etapa con espíritu misionero

Con las limitaciones propias de la edad, el Padre Feliciano no habla de retiro, sino de continuidad. Desea seguir sirviendo donde el obispo lo asigne y aprovechar los medios virtuales para impartir cursos de Sagrada Escritura. La pastoral bíblica ha encontrado en él un sembrador constante, incluso en tiempos digitales.

Su mensaje a los feligreses es claro y vibrante:

Que continúen participando con entusiasmo, guiados por el Espíritu Santo, en la liturgia, la evangelización, la catequesis, la pastoral social y la atención a los ranchos. Que haya armonía, buena disposición y espíritu de servicio.

Agradece profundamente la respuesta generosa de la comunidad en la atención a los adultos mayores, a los enfermos y al merendero que alimenta a tantos hermanos necesitados. Gratitud también para alumnos y maestros que han apoyado la pastoral bíblica.

“Cuenten con mi servicio pastoral”, expresó al despedirse. No es un adiós, sino un cambio de orilla en el mismo río de la misión.

Un corazón que sigue latiendo

La Parroquia del Sagrado Corazón de Jesús, frente a la Plaza de la Madre, ha sido testigo de persecuciones, de vocaciones nacientes y de generaciones que aprendieron a orar entre sus muros. Hoy suma un capítulo más a su historia centenaria.

El Padre Feliciano deja sembrada una consigna sencilla y poderosa: que el corazón siga siendo el centro.

Corazón para servir.

Corazón para unir.

Corazón para perseverar.

Porque en esta iglesia que alguna vez fingió ser bodega para salvar la fe, el amor de Cristo ha demostrado que ningún tiempo, por adverso que sea, puede apagar lo que late desde dentro. 

Para la elaboración de esta nota se contó con las valiosas respuestas del Padre Feliciano Villanueva Rodríguez, así como con la colaboración del Padre Gustavo Ramos Pérez, originario de esta parroquia y actualmente párroco de San José en Saltillo, quien compartió datos históricos que enriquecen la memoria viva de esta comunidad centenaria.