Saltillo, Coahuila — 15 de noviembre. La Diócesis de Saltillo celebró el Jubileo de Movimientos y Asociaciones Laicales, un encuentro que reunió a más de 250 participantes de diversos carismas: Acción Católica, Renovación Carismática, Dinámicas de Encuentros Juveniles y numerosos movimientos parroquiales que enriquecen la vida pastoral de la diócesis.
Durante la celebración, Mons. Hilario recordó con gratitud la importancia de los movimientos en la vida de las comunidades y su valioso servicio apostólico. Les invitó a mantener la mirada siempre fija en Cristo, fuente y centro de toda misión eclesial.
El obispo hizo eco del jubileo que el Santo Padre presidió en Roma el pasado mes de junio, donde el Papa León dirigió una profunda exhortación a los movimientos eclesiales, subrayando dos pilares esenciales para la vida de la Iglesia: la unidad y la misión.

Unidad: levadura de comunión
El Papa señaló que las asociaciones y movimientos están llamados a ser “levadura de unidad” en un mundo herido por la división y la violencia. Recordó que la auténtica comunión nace del Espíritu Santo y tiene su fundamento en Cristo, quien atrae hacia sí y une a sus discípulos entre sí. Citó a san Paulino de Nola, quien decía a san Agustín: “Somos miembros de un mismo Cuerpo, tenemos la misma Cabeza, circula en nosotros la misma gracia… tanto en el espíritu como en el Cuerpo del Señor, somos uno.”
El Santo Padre invitó a que esta unidad vivida en los grupos se refleje también en la comunión con los pastores, la cercanía con otras realidades eclesiales y el servicio fraterno a quienes más lo necesitan.
Misión: un fuego que no se apaga
El Papa también destacó la dimensión misionera como una marca esencial de los movimientos. Recordó que del encuentro personal con Cristo nace el impulso de anunciarlo, incluso en los ambientes más difíciles. Subrayó que los movimientos cuentan con personas generosas, preparadas y con gran experiencia pastoral, un patrimonio que debe ponerse al servicio de la evangelización en parroquias, comunidades y fronteras misioneras.
Invitó a no perder nunca este dinamismo misionero y a escuchar con atención los desafíos actuales, llevando la Palabra de vida a quienes más la esperan, aun sin saberlo.
Un llamado a la alegría del servicio
En su mensaje final, el Papa exhortó a todos a mantener a Cristo en el centro. Recordó que los carismas existen para llevar a las personas al encuentro con el Señor y para enriquecer a la Iglesia a través del servicio humilde. A imitación de Cristo —dijo—, quien se despojó de sí mismo para enriquecernos (cf. Fil 2,7), los carismas encuentran su plenitud cuando se ofrecen para edificar a los demás.
Con gratitud, el Santo Padre animó a continuar el camino con alegría y libertad interior. Encomendó a todos a la protección de María, Madre de la Iglesia, y concedió su bendición.






































