Izcalli, 14 de Noviembre.- Del 10 al 14 de noviembre, los 120 obispos de México se reunieron en la 119 Asamblea Plenaria para reflexionar sobre los desafíos pastorales, sociales y espirituales que vive el país. En un ambiente de comunión y discernimiento, los pastores profundizaron en temas clave como el acompañamiento a las familias, los procesos de paz, la atención a las personas migrantes y la implementación de la sinodalidad en las Iglesias locales.
Durante la jornada, los obispos reconocieron con realismo la compleja situación del país: el aumento de la violencia, la persistencia de la corrupción, la precariedad económica de muchas familias y la fragilidad de las instituciones democráticas. Subrayaron que “no pueden callar” ante una realidad que afecta a miles de hogares, comunidades y regiones dominadas por el crimen organizado, donde continúan asesinatos, desapariciones, extorsiones y desplazamientos forzados. Recordaron especialmente a los sacerdotes y agentes de pastoral asesinados en su servicio.
En sintonía con el magisterio del Papa León XIV, insistieron en que no puede haber verdadera paz sin comunión eclesial, ni una Iglesia auténticamente sinodal sin sensibilidad ante el sufrimiento del mundo. Por ello, reafirmaron su compromiso con las familias, a quienes consideraron pilar fundamental para reconstruir el tejido social.
La Asamblea también definió una ruta espiritual hacia dos grandes hitos:
2026, centenario de la Resistencia Cristera, que invitará a hacer memoria del testimonio de fe de miles de mártires que murieron proclamando “¡Viva Cristo Rey!”, y 2031–2033, camino hacia el VCentenario del Acontecimiento Guadalupano y los dos mil años de la Redención. En preparación, continúa la Novena Intercontinental Guadalupana, llamada a ser un signo de reconciliación, unidad y esperanza para México y el continente.
Los obispos expresaron cercanía particular con las personas migrantes, recordando que en ellas “vemos el rostro de Cristo crucificado hoy”. Reconocieron la labor de la Iglesia en albergues, defensa de derechos y acompañamiento pastoral a quienes sufren violencia, pobreza o desarraigo.
Al concluir, reafirmaron que, aunque no poseen soluciones inmediatas, están dispuestos a dialogar con todos los que verdaderamente aman a México, sin distinción de ideologías o credos, para buscar caminos de justicia, paz y reconciliación. “Con Cristo Rey como única esperanza y bajo la guía de Santa María de Guadalupe —señalaron— confiamos en caminar hacia un futuro donde la dignidad de cada persona sea respetada y promovida”.






































