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Mons. Hilario invita con disposición de espíritu a iniciar el camino cuaresmal: “Volver al Corazón”.

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Homilía Miércoles de ceniza
Homilía Miércoles de ceniza

Miércoles de Ceniza – Homilía 18 de febrero de 2026

Joel 2,12-18; Salmo 51(50): Misericordia, Señor, hemos pecado; 2ª Corintios 5,20-6,2; Mateo 6,1-6.16-18

El itinerario cuaresmal es la ocasión propicia para escuchar la voz del Señor y renovar la decisión de seguir a Cristo, subir con Él a Jerusalén para cumplir su misión (Cfr. Papa León XIV, Mensaje de Cuaresma 2026)

Los invito a prepararnos espiritualmente para la celebración de la pasión, muerte y resurrección de nuestro Señor Jesucristo viviendo con fe firme, esperanza atenta y caridad generosa la Cuaresma que iniciamos este Miércoles de Ceniza.

Como hemos orado al empezar esta celebración: deseamos que este día de ayuno sea el principio de una verdadera conversión a Dios y estos actos de penitencia nos ayuden a vencer el espíritu del mal.

El profeta Joel nos invita a convertirnos al Señor de todo corazón, es decir, toda nuestra persona, en todas las dimensiones de nuestra vida. Confiemos en la compasión del Señor, que es lento a la cólera y rico en clemencia.

Con el salmo Miserere, Misericordia, Señor, hemos pecado, reconocemos nuestro pecado y pedimos que la misericordia del Señor nos ayude a cambiar nuestro corazón, a tener un corazón puro y un espíritu nuevo, a mantener un alma generosa.

Aprovechemos esta Cuaresma para reconciliarnos con Dios y con los demás. Pablo nos recuerda que somos embajadores de Cristo y colaboradores de Dios. Tengamos sentimientos de compasión y permitamos que el Señor Jesús toque nuestra vida para que unidos a Él recibamos la salvación de Dios y nos volvamos justos y santos. No echemos en saco roto la gracia que Dios nos ofrece cada día.

El Papa León XIV nos exhorta a que como Iglesia pongamos de nuevo el misterio de Dios en el centro de nuestra vida, nos convirtamos a su amor escuchando su Palabra que da vida y poniendo el mejor esfuerzo para corresponder a su misericordia que siempre nos auxilia. Que esta Cuaresma sea un Tiempo de conversión en el que nos dejemos atraer por el llamado de Dios, y por medio de las prácticas espirituales de este Tiempo, nos dispongamos mejor a caminar juntos para recibir en la Pascua la gracia que renueva y santifica.

Nuestros Diálogos Cuaresmales nos invitarán en esta ocasión a responder al llamado del Señor para vivir una conversión diocesana: En la Iglesia querida por Jesús, caminamos juntos, en comunión, participación y misión. Sean estos diálogos una experiencia personal y comunitaria que nos ayude a escucharnos, reflexionar y ponernos en camino juntos, y así seguir adelante en el propósito de ser la Iglesia que Jesús quiere que seamos.En sintonía con los Diálogos Cuaresmales, cada bautizado en nuestra Diócesis de Saltillo sea un peregrino a Jerusalén en comunión con Jesús y con nuestra comunidad (familia, parroquia, diócesis). Durante la Cuaresma hemos de practicar con devoción sincera y humildad de corazón la oración, el ayuno y la limosna, tal como se nos invita en la liturgia del Miércoles de Ceniza. La oración es una experiencia de escucha de Dios, principalmente a través de su Palabra en las celebraciones litúrgicas y en la lectura y meditación personal y en familia.

Escuchar es el primer signo con el que se manifiesta el deseo de entrar en relación con el Otro y con los otros. Escuchemos a Dios y abramos nuestro corazón para ser escuchados por el Señor. Entre tantas voces del mundo, la voz de Dios sea la más clara y no tengamos miedo de acogerla, pues en ella escucharemos las necesidades de los hermanos. Hay que escuchar a Dios y aprender a escuchar como Él nos escucha.

El ayuno es también una escucha de nuestra realidad personal por medio de la moderación en nuestros consumos y la renuncia a aquello que puede ser tóxico para nuestro cuerpo y nuestro espíritu. El ayuno nos ayuda a discernir y ordenar los apetitos naturales para encauzarlos para nuestra salud física y espiritual; es disciplinar el deseo, purificarlo y hacerlo más libre, para elegir a Dios Bueno y hacer el bien que hace falta, y así alejarnos, con la ayuda de la gracia, del pecado y del mal. El Papa León XIV nos invita de manera específica en esta Cuaresma a ayunar de palabras agresivas, mentiras y calumnias, y convertir nuestras palabras en lenguaje amable, de esperanza y paz.

La limosna es la respuesta a la escucha que hemos hecho de Dios y de los hermanos, especialmente los pobres. No damos de lo que nos sobra, sino de aquello mismo que es necesario, para que sea en verdad caridad. No compartimos lo que tenemos porque nos “nace”, sino porque el hambre y sed de justicia que experimentamos es una responsabilidad social con el prójimo y rasgo de bienaventuranza de nuestra condición de hijos de Dios.

No dejemos de programar en nuestras actividades cotidianas y en el descanso de Semana Santa tiempos importantes de oración, personal y familiar; ejercicios de piedad que nos renueven como fieles y motiven a la comunión y participación en la vida de la Iglesia; servicios apostólicos y misiones en comunidades alejadas.

Que esta Cuaresma nos ayude a retomar el propósito de ser la Iglesia querida por Jesús, caminando juntos en hermandad, en comunión, participación, y misión. Que la Pascua sea una vivencia profunda de gozo y paz en el Señor Resucitado y la luz de su gracia ilumine a cada familia.

Nos encomendamos a Santa María de Guadalupe, Madre de esperanza,reconciliación y paz, y con su intercesión y ejemplo seamos fieles a Jesucristo, nuestro Señor y Redentor.