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Mensaje de Mons. Hilario González García: Una Cuaresma para ver, escuchar y no tener miedo

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somos invitados a subir a la casa de Dios de la mano de Jesús, a escuchar la voz del Señor que nos acoge con misericordia
Monte Tabor – Basílica de la Transfiguración - Custodia di Terra Santa

2º DOMINGO DE CUARESMA

UNA MIRADA PURIFICADA PARA CONTEMPLAR AL SEÑOR

1. Purificar la mirada y la escucha

Podemos ver de muchas maneras, lo importante es purificar nuestra mirada para contemplar la gloria del Señor, y como fruto de esa contemplación, ver a los demás con mirada limpia y noble, captando la bondad que hay en cada persona.

Podemos oír de muchas maneras, lo importante es escuchar con la atención de quien se sabe amado y desea corresponder al amor que se recibe, y como fruto de esa escucha atenta, ser sensibles al clamor de las personas que necesitan ser atendidas con caridad.

En este 2º Domingo de Cuaresma ponemos en juego nuestra sensibilidad espiritual para atender el llamado del Señor y, contemplando su gloria, nos convirtamos en enviados comprometidos con su misión. Las voces de este mundo compiten con la voz del Hijo amado, y las imágenes de la realidad en la que vivimos nos envuelven para captar nuestra mente y nuestro corazón, cegándonos para contemplar la presencia gloriosa del Señor Jesús.

2. Abraham: obediencia y amistad con Dios

La vocación de Abraham es una invitación a escuchar el llamado a dejar lo que nos impide hacer contacto de amistad íntima con Dios. La promesa de una tierra y de una descendencia que el Señor le hace a Abram para convertirlo en Abraham, padre de muchas naciones, bendición para todos los pueblos de la tierra, nos invita a seguir su ejemplo de obediencia dócil y confiada, y a tener una relación de amistad sincera con Dios.

Esta amistad nos hará gozar de la compañía de Dios en nuestro proyecto de vida, y nuestra fecundidad no dependerá solamente de nuestras fuerzas, sino que estaremos bajo su amparo y ayuda. Podremos ser bendición para los demás, tanto para aquellos que amamos por lazos familiares y de amistad, como para los que aprendemos a amar en nuestra vida.

3. Jesús, el Hijo amado que nos envía

En Jesús tenemos al Hijo amado de Dios que se acerca como amigo, y en quien aprendemos a ver y escuchar a los demás como amigos y hermanos en el Señor. En Jesús obtenemos gratuitamente el don de la salvación por medio de su Evangelio, y con este don somos enviados a compartir la experiencia de la luz de la vida divina que nos ilumina.

Como los discípulos que suben con Jesús al monte y tienen la experiencia de la Transfiguración, hemos de purificar nuestra mirada para contemplar al Señor en la vida ordinaria y abrir nuestro entendimiento a su Palabra para ser instruidos con su sabiduría.

4. Levantarnos sin miedo y vivir el Evangelio

Nos toca ahora levantarnos y no tener miedo de lo que hemos visto y oído, nos urge predicar con la misma existencia el Evangelio que nos ha compartido Jesucristo, y dar testimonio fiel y gozoso de Jesús, el Hijo amado. Y con Él, también nosotros hablar y actuar como hijos amados del Padre, para ser también complacencia de Dios.

5. La familia, lugar donde se transparenta Cristo

Hoy que celebramos en nuestra iglesia el Día de la Familia, a la luz de la Transfiguración del Señor, somos invitados a subir a la casa de Dios de la mano de Jesús, a escuchar la voz del Señor que nos acoge con misericordia, y a que en nuestra casa nos valoremos como la familia amada en quien nuestro Padre se complace. Que en cada familia reine la caridad y, en cada miembro, se transparente el rostro de Cristo, para gloria de Dios y bien de los hermanos.

Mons. Hilario González García

Obispo de Saltillo