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San José Sánchez del Río: una historia providencial que echó raíces en el Ojo de Agua

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Fue entronizada solemnemente la imagen del Santo de los Adolescentes en México.
Fue entronizada solemnemente la imagen del Santo de los Adolescentes en México.

Saltillo, Coahuila. – Hay historias que no se planean… se revelan. Y la llegada de San José Sánchez del Río a la Parroquia del Santísimo Cristo del Ojo de Agua no fue un episodio aislado ni improvisado, sino una trama providencial que, paso a paso, fue tejiéndose con delicadeza y fuerza en el corazón de la comunidad.

Un inicio sembrado en la devoción

La historia comenzó mucho antes de su canonización. El presbítero José Luis del Río, y Santiago, entrañable párroco del Ojo de Agua, tenía entre sus santos predilectos al joven mártir de Sahuayo, quien además era su tocayo. En 2012 promovió con entusiasmo la proyección de la película La Cristiada, despertando en muchos fieles el interés por conocer la vida de aquel adolescente que gritó “¡Viva Cristo Rey!” hasta el final.

Posteriormente, organizó una peregrinación a Sahuayo, Michoacán, tierra natal del mártir. Tal era su devoción que, al fundar su tienda de artículos religiosos, la bautizó con el nombre del santo. Además, conservó una reliquia de tercer grado que, años después, entregaría como un regalo providencial a quien sería su sucesor.

Canonización y primera visita de las reliquias

En 2015, el Padre José Ignacio Flores Ramos recibió aquella reliquia al llegar como párroco al Ojo de Agua. Un año después, el 16 de octubre de 2016, Papa Francisco canonizó solemnemente a San José Sánchez del Río en Roma.

Lo que parecía coincidencia comenzó a tomar forma de designio. En una peregrinación a la Basílica de Guadalupe, el Padre Nacho conoció al señor Gregorio Rodríguez Basurto, quien organizaba la visita de las reliquias del recién canonizado. La invitación fue clara y directa: llevarlas a Saltillo.

En septiembre de 2016, las reliquias —custodiadas en el Monasterio de la Visitación en Mixcoac— llegaron a la Diócesis de Saltillo. Fue una verdadera odisea de fe: gracias al apoyo de TSM, una avioneta trasladó los sagrados restos que ya habían sido venerados por Papa Benedicto XVI y el Papa Francisco.

Recorrieron Coahuila de punta a punta, y la Parroquia del Ojo de Agua coordinó el itinerario. Fue una visita que encendió corazones y consolidó una devoción creciente.

Un santo que acompaña en la prueba

En 2020, durante la hospitalización del Padre José Ignacio a causa del COVID-19, la estampa con la reliquia de San Joselito estuvo junto a su lecho. En aquel tiempo de fragilidad, el joven mártir no fue solo memoria histórica, sino compañía viva y signo de esperanza.

La llegada de la reliquia de primer grado

Reliquia San José Sánchez del Río
Reliquia San José Sánchez del Río

El camino alcanzó un nuevo momento culminante en 2023. Gracias a la gestión de Tere Ramos y de Monseñor Francisco Figueroa Cervantes, obispo auxiliar de Zamora, y a la generosidad de Monseñor Javier Navarro Rodríguez, obispo de Zamora, llegó a Saltillo una reliquia de primer grado de San José Sánchez del Río.

El 8 de septiembre de 2023 fue instalada en el altar consagrado por Hilario González García, quedando definitivamente en su nueva casa.

Como gesto de gratitud, en octubre de ese mismo año se organizó una peregrinación a Sahuayo, donde fieles del Ojo de Agua caminaron la ruta del martirio, visitaron el sitio donde Joselito entregó su vida y renovaron su compromiso de fidelidad a Cristo.

15 de febrero: entronización de la imagen

Y hoy, 15 de febrero, en cercanía a su festividad litúrgica, la historia suma un capítulo más.

Fue entronizada solemnemente la imagen del Santo de los Adolescentes en México, por la oración de Monseñor Hilario. A partir de ahora, junto a su reliquia, miles de fieles podrán venerarlo en un espacio digno, convertido ya en punto de encuentro para jóvenes, familias y devotos. La imagen fue donada por la Familia Valdés Herrera, gesto que permite que Joselito tenga un santuario vivo en Saltillo.


Una historia que no fue casualidad

Nada de esto parece improvisado. Cada acontecimiento —la promoción de la película, la peregrinación, la reliquia heredada, la canonización, la visita aérea, la enfermedad acompañada, la reliquia de primer grado, la entronización de la imagen— configura una narrativa que fortalece la fe y alimenta una memoria agradecida.

San José Sánchez del Río no llegó como visitante ocasional. Se fue quedando. Se acomodó en la parroquia, en la diócesis y en los corazones.

Hoy el Ojo de Agua no solo conserva su memoria: la celebra. Y Saltillo cuenta ya con un nuevo faro de valentía juvenil que sigue proclamando, con la frescura de un adolescente mártir:

¡Viva Cristo Rey!