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Con el corazón encendido, caminamos con Cristo Resucitado hacia la vida plena

Mensaje semanal a la comunidad – 19 de abril de 2026

DOMINGO III DE PASCUA – JESÚS RESUCITADO NOS ACOMPAÑA EN EL CAMINO DE LA VIDA

La alegría del encuentro con el Resucitado

La presencia de Jesús resucitado nos sigue animando a vivir con generosa entrega y devoción ferviente nuestro tiempo de Pascua. Nos alegramos de encontrarnos con Él cada día y así, vernos renovados en el espíritu y entusiastas en nuestro compromiso de vida cristiana.

Cristo acreditado y resucitado para darnos vida

En el texto de Hechos ponemos atención al discurso de Pedro el día de Pentecostés.
Jesús fue acreditado por su Padre mediante los milagros y las señales que realizó. Y fue entregado a la muerte, pero no permaneció en el sepulcro, sino que ha resucitado para enseñarnos el sendero de la vida y llenarnos de gozo en su presencia.

Testigos de la resurrección y portadores de esperanza

De esta resurrección hemos de ser testigos, y también, llenos del Espíritu Santo, hemos de comunicar al mundo este prodigio de salvación. Tampoco nosotros seremos abandonados a la muerte, ni estamos destinados a la corrupción del sepulcro. Con Cristo hemos de resucitar a una vida colmada por la gracia divina y convocar a otros para seguir a Jesucristo.

El Señor, nuestro refugio y camino de vida

Por eso es importante cantar con el salmo: Enséñanos, Señor, el camino de la vida.
Estamos bajo la protección del Señor, en Él está nuestro refugio y nuestra herencia. Nuestra vida está en manos del Señor, y unidos a Él no hemos de temer las consecuencias del pecado.

La vida nueva que hemos recibido

Hemos sido liberado de la corrupción y debemos manifestar la vida nueva recibida.
Tengamos siempre presente al Señor, así nuestro corazón rebozará de gozo y descansará tranquilo. Enséñanos, Señor, cómo hemos de proceder para caminar en tu presencia.

De esclavos a hijos: una vida transformada

El apóstol Pedro nos recuerda el gran cambio de vida que hemos tenido gracias a la resurrección del Señor. Podemos llamar “Padre” a Dios, pues ya no somos esclavos, sino hijos rescatados de la muerte. Ya no procedemos conforme a los antiguos criterios egoístas y estériles, sino conforme al criterio del mandamiento del Señor de amarnos con la compasión recibida y produciendo frutos de justicia y de paz.

Jesús camina con nosotros en medio de la confusión

El Evangelio de Lucas que narra el encuentro de los discípulos camino a Emaús con Jesús resucitado nos anima a dejarnos acompañar por Cristo en el camino de la vida. Nuestros ojos pueden estar nublados por los pendientes que tenemos, nuestro corazón puede estar entretenido en problemas y conflictos, nuestro espíritu puede estar apocado por la debilidad humana, la falta de fe o la decepción. Incluso, como estos discípulos que se alejan de Jerusalén, podemos estar decepcionados de las expectativas mesiánicas puestas en Jesús, caminando con tristeza y sin esperanza de redención.

El Resucitado ilumina y enciende el corazón

Sin embargo, Jesús se hace presente en el caminar cotidiano, nos hace un llamado para superar la dureza de corazón y la insensatez de mente. Su voz habla al corazón para encenderlo nuevamente en el amor, su presencia puede iluminar la mente para responder con mayor lucidez a los retos de la vida, a la luz de su Palabra, y con la calidez de su caridad.

Reconocerlo al partir el pan y retomar el camino

Hoy es momento de pedirle a Jesús que nos explique el sentido de la vida, que su Palabra haga arder nuestro corazón, y que lo reconozcamos al partir el pan en la Eucaristía, para así emprender con renovado ímpetu el proyecto de salvación que se nos encomienda.