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135 años de Gracia y Esperanza – “Somos Iglesia y caminamos juntos”

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135 años después, seguimos caminando juntos
La Diócesis de Saltillo celebra 135 años de historia, evangelización y comunión, renovando su compromiso de caminar unida como Pueblo de Dios peregrino de la esperanza.

En el marco del 135 aniversario de su fundación, la Diócesis de Saltillo recuerda su rica historia evangelizadora, desde su erección por León XIII hasta el actual pontificado de León XIV. Una crónica de fe, esperanza y comunión que destaca el legado de sus pastores y el compromiso de seguir construyendo una Iglesia sinodal al servicio del pueblo de Dios.

Hoy la Diócesis de Saltillo se viste de fiesta. Nos hemos congregado como familia de Dios para celebrar 135 años de historia, de fe y de esperanza, recordando con gratitud el camino recorrido desde aquel 23 de junio de 1891, cuando el Papa León XIII erigió esta Iglesia particular para atender espiritualmente a los habitantes de esta vasta región del norte de México.

Al celebrar este aniversario, resulta imposible no contemplar un signo providencial que une nuestro pasado con el presente: la Diócesis de Saltillo nació bajo el pontificado de un Papa León, León XIII, y hoy celebra sus 135 años mientras la Iglesia universal es guiada por otro Papa León: León XIV. Como si la historia quisiera recordarnos que Dios sigue conduciendo a su Iglesia a través del tiempo con la misma fidelidad y amor.

Aquella nueva diócesis fue constituida con parroquias provenientes de las diócesis de Linares y Durango.

El acto solemne de ejecución se realizó el 30 de octubre de 1891 en el entonces templo parroquial de Santiago Apóstol, hoy nuestra Santa Iglesia Catedral. Allí comenzó oficialmente una historia que continúa viva en cada comunidad, en cada familia y en cada creyente que forma parte de esta Iglesia peregrina.

La Providencia quiso también regalarnos una hermosa coincidencia histórica. El primer pastor de esta diócesis fue Monseñor Santiago de la Garza Zambrano, originario de Monterrey, quien recibió la encomienda de organizar y consolidar esta naciente Iglesia. Hoy, 135 años después, quien guía nuestro caminar es Monseñor Hilario González García, también originario de Monterrey. Dos pastores regiomontanos abren y acompañan una misma historia de fe que se extiende a lo largo de más de un siglo.

Pero la historia de nuestra diócesis no se entiende únicamente a través de fechas y documentos. Se comprende mejor contemplando a los hombres que, como sucesores de los Apóstoles, entregaron su vida al servicio de este pueblo santo de Dios.

Después de Monseñor Santiago de la Garza Zambrano(1893-1898), llegó el segundo obispo, Monseñor José María Portugal y Serratos (1898-1902), hombre de profunda espiritualidad, reconocido como filósofo, teólogo, escritor y gran pastor de almas.

Posteriormente, el Señor confió la diócesis al Venerable Monseñor Jesús María Echavarría y Aguirre (1905-1954), quien condujo esta Iglesia durante casi medio siglo. A él le tocó enfrentar los años difíciles de la Revolución Mexicana y la persecución religiosa. Fue pastor en tiempos de prueba, restauró el Seminario Diocesano y sostuvo la fe del pueblo cuando las circunstancias parecían adversas.

Generaciones de obispos, sacerdotes y seminaristas han dado rostro a la misión evangelizadora de la Diócesis de Saltillo a lo largo de sus 135 años de existencia.

Tras su fallecimiento asumió el gobierno pastoral Monseñor Luis Guízar Barragán (1954-1975), quien acompañó a la diócesis durante una época de renovación eclesial marcada por los impulsos del Concilio Vaticano II, abriendo nuevos caminos de participación y evangelización.

Le sucedió Monseñor Francisco Villalobos Padilla (1975-1999), quien fortaleció la planeación pastoral y promovió una Iglesia más organizada, cercana a las familias y comprometida con la formación de los laicos.

En 1999 llegó Monseñor Raúl Vera López, quien durante dos décadas impulsó una Iglesia profundamente comprometida con la dignidad humana, la justicia social, los migrantes, los trabajadores y los más vulnerables. Su ministerio dejó una huella significativa en la vida pastoral y social de nuestra diócesis.

Desde 2021, el Señor nos ha concedido como pastor a Monseñor Hilario González García, quien continúa guiándonos bajo el espíritu de la sinodalidad, la fraternidad y la esperanza, animándonos a construir comunidades que reconozcan y valoren la dignidad de toda persona.

Cada uno de estos obispos ha sido una página viva de nuestra historia. Cada uno sembró algo distinto, pero todos sirvieron al mismo Evangelio. Sus nombres forman parte de una gran cadena de fe que une generaciones enteras de creyentes.

Sin embargo, esta historia no pertenece únicamente a los obispos. Es la historia de miles de sacerdotes, religiosas, religiosos y laicos que hicieron presente el amor de Dios en rancherías, ciudades, ejidos, escuelas, hospitales y parroquias.

Es la historia de catequistas que transmitieron la fe; de madres y padres que enseñaron a rezar; de seminaristas que respondieron al llamado del Señor; de jóvenes que encontraron su vocación; y de innumerables hombres y mujeres que construyeron la Iglesia desde la sencillez de la vida cotidiana.

A lo largo de estos 135 años, nuestra diócesis vio surgir nuevas comunidades, acompañó el crecimiento de las ciudades, enfrentó crisis sociales, económicas y sanitarias, y también compartió la alegría de incontables bautizos, matrimonios, ordenaciones sacerdotales y celebraciones jubilares.

La historia de la Iglesia de Saltillo también se escribe en la fe de miles de laicos, catequistas, familias y comunidades que han transmitido el Evangelio de generación en generación.

Hoy somos herederos de una historia grande. Pero no estamos aquí solamente para recordar el pasado. Estamos aquí para renovar nuestro compromiso con el futuro.

Por eso el lema de este aniversario resuena con fuerza en nuestros corazones:

“Somos Iglesia y caminamos juntos”

Somos Iglesia porque hemos sido convocados por Cristo y reunidos por el Espíritu Santo.

Somos Iglesia porque compartimos una misma fe, una misma esperanza y una misma misión.

Y caminamos juntos porque nadie se salva solo, porque la sinodalidad nos invita a escucharnos, acompañarnos y discernir unidos la voluntad de Dios para nuestro tiempo.

Que este 135 aniversario sea una oportunidad para agradecer, celebrar y comprometernos. Que podamos mirar el pasado con gratitud, vivir el presente con pasión y abrazar el futuro con esperanza.

Bajo la protección de Nuestra Señora de Guadalupe, Madre de la Iglesia en México, y bajo el patrocinio de Santiago Apóstol, demos gracias a Dios por estos 135 años de bendiciones.

Y que las generaciones futuras puedan decir algún día que nosotros también supimos ser fieles a la misión recibida.

¡Feliz 135 aniversario, querida Diócesis de Saltillo!

¡Somos Iglesia y caminamos juntos!

¡Pueblo de Dios peregrino de esperanza!

Fuente histórica:

Basado principalmente en la obra Diócesis de Saltillo 1891-1991. Cien años de historia, del Pbro. Rodolfo Escobedo (1990), complementada con publicaciones y documentos oficiales de la Diócesis de Saltillo.