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La misión comienza cuando dejamos de mirar de lejos y nos atrevemos a tocar la realidad: Hna. Bertha López en el XV CONAJUM

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Hna. Bertha López, misión juvenil, jóvenes misioneros, pastoral juvenil, Iglesia en México, evangelización, Cristo Resucitado, San Luis Potosí.
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San Luis Potosí.– En el segundo día del XV Congreso Nacional de la Juventud Misionera (CONAJUM), la Hna. Bertha López, Misionera de Cristo Resucitado, invitó a los cientos de participantes a descubrir que la misión cristiana comienza cuando el discípulo deja de observar la realidad desde la distancia y decide acercarse al sufrimiento concreto de las personas.

Durante su conferencia, la religiosa desarrolló una reflexión titulada «La selfie del joven misionero», utilizando la imagen de la fotografía personal como punto de partida para cuestionar la identidad y la autenticidad del discípulo misionero.

«La selfie muestra la mejor versión que queremos compartir», explicó. Sin embargo, señaló que el verdadero reto consiste en ir más allá de la imagen y preguntarse:

¿Quién soy realmente? ¿Qué creo? ¿Para quién vivo? ¿Cuál es mi misión?

Más que una dinámica de introspección, la propuesta buscó conducir a los jóvenes hacia una experiencia profunda de encuentro con Cristo que transforme su manera de mirar el mundo.

La misión no puede vivir de espaldas al dolor humano

A partir de su experiencia en diversos ambientes de misión, la Hna. Bertha compartió cómo el contacto con comunidades marcadas por la violencia, la pobreza, las adicciones, los abusos, la desintegración familiar y la pérdida del sentido de la vida cambió profundamente su manera de comprender la evangelización.

Uno de los mensajes centrales de la conferencia fue una frase que resonó entre los participantes:

«Lo más importante es ser conscientes y palpar el rostro sufriente.»

La religiosa explicó que la realidad no puede convertirse únicamente en estadísticas, noticias o temas de estudio. Detrás de cada problemática existen personas concretas, con historias, heridas y esperanzas que esperan ser escuchadas y acompañadas.

Por ello, insistió en que ningún misionero puede comprometerse auténticamente con Jesucristo sin conocer primero la realidad donde viven las personas a quienes es enviado.

Un testimonio que conmovió al Congreso

Uno de los momentos más significativos de la jornada fue el testimonio de una joven que narró cómo experimentó pérdidas familiares, soledad y diversas situaciones de vulnerabilidad durante su vida.

Su historia mostró que, incluso en medio del dolor más profundo, el encuentro con Cristo puede devolver la esperanza y abrir un nuevo horizonte de sentido.

Su experiencia se convirtió también en un llamado directo para todos los participantes:

Salir a buscar a los jóvenes que hoy viven heridos y anunciarles con la propia vida que Cristo está vivo.

Porque, como se destacó durante la conferencia, muchos jóvenes encuentran diariamente personas que los invitan a diferentes caminos, pero necesitan encontrar también discípulos que les digan con convicción:

«Cristo te ama. Cristo está vivo.»

Antes de anunciar, hay que responder quién soy

La Hna. Bertha recordó que la misión no comienza con un discurso ni con una estrategia pastoral, sino con una experiencia personal de encuentro con Jesucristo.

El anuncio del Evangelio nace de quien ha experimentado primero el amor de Dios.

Por ello invitó a los jóvenes a realizar un examen profundo de su propia identidad antes de preguntarse qué van a anunciar.

Las preguntas fundamentales siguen siendo:

  • ¿Quién soy?
  • ¿Qué creo?
  • ¿Para quién vivo?
  • ¿Cuál es mi misión?

Desde esa experiencia personal, explicó, nace la fuerza para salir al encuentro de los demás y convertirse en testigos creíbles del Evangelio.

Una mirada que transforma la misión

La reflexión concluyó invitando a los jóvenes a pasar de una mirada superficial a una mirada comprometida con la realidad.

No basta con mostrar la mejor imagen de uno mismo. El auténtico discípulo está llamado a abrir los ojos ante las heridas del mundo, escuchar el clamor de quienes sufren, tocar las realidades humanas y caminar junto a quienes necesitan esperanza.

En ese sentido, la Hna. Bertha afirmó que la misión cristiana exige cercanía, escucha, acompañamiento y compromiso con las personas concretas.

El llamado final fue claro para los participantes del XV CONAJUM:

Salir, amar, luchar por la vida y anunciar a Jesucristo allí donde existen heridas humanas, porque la misión comienza cuando dejamos de mirar de lejos y nos atrevemos a acercarnos al rostro concreto de cada persona.