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Comunicar la fe exige escuchar, abrazar y esperanzar en un mundo herido

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Ciudad de México.– En el marco del Encuentro Nacional de Periodismo Católico 2026, realizado del 15 al 18 de junio en las instalaciones de las Obras Misionales Pontificias, el Dr. Jorge Alberto Hidalgo Toledo impartió la primera ponencia magistral titulada “Comunicar la Fe en un Mundo Secularizado”, una reflexión profunda sobre los desafíos actuales de los comunicadores católicos ante una sociedad marcada por la violencia, la desigualdad, la polarización, la desinformación y la soledad hiperconectada.

Durante su intervención, el Dr. Hidalgo invitó a los periodistas y comunicadores católicos a preguntarse no sólo qué comunicar, sino para qué hablarle al mundo en este momento de la historia. Señaló que, antes de pretender convencer, la Iglesia está llamada a abrazar; antes de emitir discursos, debe hacerse cercana al dolor de las personas.

“El mundo herido no espera primero una explicación, sino un abrazo”, fue una de las ideas centrales de la ponencia, al subrayar que la comunicación católica debe nacer del testimonio, la cercanía y la capacidad de mirar a Cristo en los rostros dolidos de la sociedad.

El ponente identificó cinco grandes heridas que atraviesan al país: la violencia y la normalización del duelo; la desigualdad económica, cultural y territorial; la migración y las familias fracturadas; la polarización política y la desconfianza social; así como la transformación digital marcada por el ruido, la desinformación y la soledad.

Ante este panorama, afirmó que el comunicador católico no puede convertirse en una voz más dentro del ruido público, ni usar el Evangelio como arma de confrontación. Por el contrario, está llamado a ser puente, mediador, cuidador de la dignidad humana y testigo de esperanza.

Hidalgo Toledo insistió en que la Iglesia debe recuperar legitimidad moral desde el servicio, la escucha y la presencia real junto a quienes sufren. En este sentido, propuso cinco deberes fundamentales para la comunicación católica: escuchar antes de interpretar, abrazar antes de corregir, formarse antes de opinar, discernir antes de publicar y esperanzar antes de persuadir.

También advirtió sobre los retos de la inteligencia artificial y la cultura digital, especialmente cuando la velocidad amenaza con sustituir la profundidad, el silencio y la contemplación. Recordó que ninguna tecnología puede reemplazar aquello que da fuerza a la comunicación cristiana: el cuerpo que abraza, la comunidad que acompaña y la palabra que nace del amor.

Finalmente, presentó un decálogo para el comunicador católico, entre cuyos principios destacó: no hablar sin escuchar, no denunciar sin acompañar, no publicar sin verificar, no simplificar el dolor ajeno, no usar la fe como arma cultural, no confundir alcance con conversión, no sacrificar la verdad por la velocidad y no utilizar la inteligencia artificial sin discernimiento ético.

La ponencia dejó un llamado claro para quienes sirven a la evangelización desde los medios: comunicar la fe no es buscar protagonismo, sino hacer visible la verdad, la bondad y la belleza del Evangelio en medio de un mundo herido.

Como concluyó el Dr. Hidalgo, si la comunicación católica no nace de la escucha, la empatía, el amor y el testimonio, corre el riesgo de convertirse en una palabra vacía. Pero cuando se abre al servicio, puede multiplicar el pan de la esperanza en la cultura digital.