
SALTILLO, COAH.- Este 29 de agosto, los seminaristas del Seminario Mayor del Sagrado Corazón comenzaron su periodo de apostolado en distintas parroquias de la Diócesis de Saltillo, como parte del proceso integral de formación hacia el sacerdocio.
Los jóvenes pertenecientes a las etapas propedéutica y discipular dejan por momentos las aulas y los espacios habituales del Seminario para encontrarse directamente con la realidad pastoral de las comunidades y poner sus capacidades al servicio del Pueblo de Dios.
El apostolado representa una oportunidad para que los seminaristas conozcan de cerca la vida cotidiana de una parroquia: sus necesidades, riquezas, desafíos y, especialmente, a las personas que conforman cada comunidad.
Aprender a servir, sirviendo
Durante este periodo, cada seminarista se integra a la parroquia que le ha sido encomendada con una actitud de disponibilidad y servicio, colaborando en las distintas tareas que el párroco considere necesarias para la vida pastoral de la comunidad.
Entre ellas pueden encontrarse la atención y acompañamiento de centros de catequesis, formación de monaguillos, visita a enfermos, apoyo en la formación de catequistas, participación en grupos juveniles y colaboración en diferentes actividades parroquiales.
De esta manera, la formación sacerdotal no permanece únicamente en el ámbito académico, sino que comienza a confrontarse con la realidad concreta de las personas.
Cada encuentro con un niño de catequesis, un joven, una familia, un enfermo o un agente de pastoral se convierte también en una oportunidad para aprender a escuchar, acompañar y servir.
Conocer la realidad de las comunidades
La experiencia de apostolado permite a los seminaristas fortalecer su formación pastoral y conocer las distintas realidades sociales y eclesiales que existen dentro de la Diócesis de Saltillo.
Cada parroquia posee características particulares. Las necesidades de una comunidad urbana pueden ser diferentes a las de una comunidad rural; del mismo modo, cada sector pastoral presenta desafíos y oportunidades propias para la evangelización.
El contacto directo con estas realidades ayuda al futuro sacerdote a comprender que el ministerio pastoral exige cercanía, sensibilidad y capacidad para caminar junto a las personas.
Todo ello sin descuidar los pilares fundamentales de su proceso formativo, particularmente la vida espiritual, la oración y la celebración de la Eucaristía, que alimentan y dan sentido al servicio apostólico.
Seminaristas que también son testimonio
La presencia de los seminaristas en las parroquias tiene además una dimensión vocacional.
Para niños, adolescentes y jóvenes, encontrarse con un seminarista, conocer su historia y verlo participar activamente en la vida de la comunidad puede convertirse en una oportunidad para descubrir que la vocación sacerdotal sigue siendo una posibilidad concreta para quienes sienten la inquietud de entregar su vida al servicio de Dios y de la Iglesia.
Por ello, además de las actividades que desarrollen, su propio testimonio forma parte del apostolado.
La cercanía, la alegría, la disponibilidad y el servicio pueden despertar en otros jóvenes la pregunta por su propia vocación.
Con el comienzo de este nuevo periodo, los seminaristas del Seminario Mayor del Sagrado Corazón continúan así su camino de discernimiento y preparación.
Un proceso en el que los libros y las aulas son indispensables, pero que necesariamente debe encontrarse con los rostros, las historias, las necesidades y la fe de las comunidades.
Porque también se aprende a ser pastor caminando en medio del pueblo al que un día serán enviados a servir.



































