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Oblatas de Santa Marta: 77 años de una vocación nacida en Saltillo para servir a la Iglesia

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SALTILLO, COAHUILA.– Este 8 de septiembre, mientras la Iglesia universal celebra con alegría la Natividad de la Santísima Virgen María, hay otro nacimiento que toca de manera especial la historia de la Iglesia en Saltillo: el del Instituto de las Oblatas de Santa Marta, fundado hace 77 años en esta ciudad.

Fue el 8 de septiembre de 1949 cuando comenzó esta obra inspirada por Mons. Felipe Torres Hurtado, M.Sp.S., Misionero del Espíritu Santo, acompañado en la fundación por la Madre María de Jesús Guerrero Rincón.

Una obra que encontró su hogar en Saltillo

El proyecto que daría origen a las Oblatas de Santa Marta estuvo marcado desde sus primeros pasos por la Providencia. Mons. Felipe Torres Hurtado había conocido de cerca las necesidades pastorales de la Iglesia y, particularmente, la realidad de los sacerdotes que desarrollaban su ministerio en lugares con grandes desafíos y escasez de recursos.

En su corazón fue madurando la inquietud de formar una comunidad de mujeres consagradas que, desde la oración y el servicio, colaboraran con la misión sacerdotal.

Después de diversas circunstancias, el proyecto encontró tierra fértil en la Diócesis de Saltillo. Mons. Luis Guízar y Barragán, entonces obispo de Saltillo, acogió la iniciativa y abrió las puertas para que aquella semilla pudiera comenzar a germinar.

La fundación quedó estrechamente relacionada desde sus inicios con el Seminario de Saltillo y con el servicio a quienes se preparaban para el ministerio sacerdotal.

Así, aquella pequeña obra nacida en tierras saltillenses comenzó un camino que con el paso de los años llegaría a extenderse más allá de las fronteras de la diócesis.

Santa Marta: servir teniendo la mirada puesta en Jesús

El nombre de Santa Marta de Betania expresa profundamente la identidad de la congregación.

Marta es la mujer que abre las puertas de su casa a Jesús, lo recibe y lo sirve. Pero es también aquella que escucha del Señor una enseñanza que marcará la espiritualidad de las Oblatas:

“Una sola cosa es necesaria”.

De estas palabras del Evangelio surge su lema, “Unum est necessarium”, recordando que en medio de toda actividad apostólica existe una prioridad fundamental: buscar a Dios, cumplir su voluntad y hacer de la vida una ofrenda de amor.

Por ello, el servicio de las Oblatas no se reduce simplemente al trabajo cotidiano. Su vocación busca descubrir a Cristo en la Iglesia, especialmente en la misión sacerdotal, haciendo de las tareas sencillas un verdadero apostolado.

Una vida ofrecida por la Iglesia y sus sacerdotes

La espiritualidad de las Oblatas de Santa Marta se encuentra profundamente vinculada a Jesucristo Sacerdote y Víctima y a la espiritualidad de la Familia de la Cruz.

A lo largo de su historia, las religiosas han realizado su misión mediante la oración y el ofrecimiento por los sacerdotes, así como en la evangelización, catequesis, formación pastoral, animación litúrgica, misiones y servicio en seminarios, casas sacerdotales y diferentes obras de la Iglesia.

Detrás de cada una de estas tareas permanece una misma convicción: servir a Cristo sirviendo a su Iglesia.

Su historia también fue consolidándose canónicamente. En 1957 la comunidad recibió reconocimiento como pía unión y, posteriormente, el 29 de julio de 1965, fue erigida como congregación religiosa. Con el paso de los años, su presencia y misión continuaron fortaleciéndose hasta alcanzar su reconocimiento como Instituto de derecho pontificio.

Nacieron bajo la mirada de María

No parece un detalle menor que el nacimiento de esta familia religiosa haya ocurrido precisamente un 8 de septiembre.

Mientras la Iglesia celebra el nacimiento de aquella mujer que con su “sí” abrió las puertas de la historia a Jesucristo, las Oblatas de Santa Marta recuerdan también el día en que Dios hizo nacer su propia vocación dentro de la Iglesia.

María y Marta aparecen así como dos imágenes que iluminan su camino: contemplar al Señor y ponerse a su servicio.

Setenta y siete años después, aquella semilla sembrada en Saltillo continúa dando frutos.

En este aniversario, las Oblatas de Santa Marta elevan su acción de gracias por la misericordia de Dios y por haber sido llamadas a vivir este carisma, al tiempo que renuevan una petición que hoy adquiere especial fuerza:

Desde la Diócesis de Saltillo, tierra que vio nacer esta familia religiosa, nos unimos a su acción de gracias y pedimos que Santa María, cuya Natividad celebramos, acompañe a cada una de las Oblatas de Santa Marta para que continúen siendo, en medio de la Iglesia, mujeres de oración, servicio y esperanza.

Que el Señor conceda abundantes y santas vocaciones que continúen haciendo el bien, sirviendo a la Iglesia y acompañando con su oración y entrega la vida y misión de los sacerdotes.