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Doña Brígida Domínguez Gallegos. Una vida entregada a Dios, a la Iglesia y a su comunidad.

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Descanse en paz doña Brígida Domínguez Gallegos.
Descanse en paz doña Brígida Domínguez Gallegos.

En memoria de Doña Brígida Domínguez Gallegos
(1936-2026)

Hoy, en la solemnidad de la Santísima Trinidad, el Señor ha llamado a su presencia a una de sus servidoras fieles: doña Brígida Domínguez Gallegos. Y no deja esta tierra una mujer cualquiera; sino una discípula que supo convertir la sencillez de su vida en un extraordinario testimonio de fe.

Desde niña, en Cedros, Zacatecas, aprendió a amar a Dios de la mano de sus tías que la llevaban a la Santa Misa. Aquellas semillas sembradas en su corazón dieron fruto abundante durante toda su existencia. Al llegar a Saltillo para ayudar a su familia y después formar su propio hogar en la colonia Ojo de Agua, el Señor preparaba para ella una misión que marcaría generaciones.

Cuando el padre José Luis del Río y Santiago la invitó a participar en las comunidades de reflexión, ella respondió con generosidad. No se conformó con escuchar la Palabra; la hizo vida. Recorrió calles, visitó hogares, reunió familias, formó comunidades y ayudó a encender la fe en cientos de corazones. Allí donde llegaba, nacía una nueva comunidad, una nueva familia de creyentes, una nueva oportunidad para que Cristo fuera conocido y amado.

Fue catequista durante veinte años para los hijos de los trabajadores de Cinsa, sembrando el Evangelio en los más pequeños. Fue ministra extraordinaria de la Sagrada Comunión durante más de dos décadas, llevando a Jesús Eucaristía a enfermos, ancianos y personas que no podían acercarse al templo. Recorrió hospitales, visitó ranchos y acompañó a quienes sufrían, llevando siempre el consuelo de Dios.

Su servicio nunca buscó reconocimientos. Vendió comida para sostener las obras parroquiales, organizó rosarios, viacrucis y posadas, visitó familias y sostuvo comunidades enteras con la fuerza discreta de quien sabe que todo apostolado vale la pena cuando se hace por amor a Cristo.

Quienes la conocieron recordarán también su alegría. Incluso en medio de la enfermedad, repetía con gratitud: “Estoy muy feliz por los favores que Dios me ha hecho y porque siempre ha andado conmigo.” Su fe no fue una teoría; fue una certeza que la sostuvo en los momentos difíciles y que hoy la conduce al encuentro definitivo con Aquel a quien sirvió toda su vida.

Doña Brígida pertenece a esa generación de laicos que construyeron la Iglesia desde abajo, tocando puertas, reuniendo vecinos, rezando en las casas, enseñando a los niños y acompañando a los enfermos. Gracias a personas como ella, la fe echó raíces profundas en nuestra comunidad parroquial.

A todos los agentes de pastoral, ministros, catequistas y servidores de nuestra parroquia, la vida de doña Brígida nos deja una pregunta: ¿qué huella de fe estamos dejando en quienes nos rodean? Porque las comunidades pasan, los programas cambian y las generaciones se suceden, pero el amor entregado a Dios permanece para siempre.

Hoy despedimos su cuerpo con tristeza humana, pero con esperanza cristiana. Creemos que el Señor, a quien sirvió con fidelidad durante tantos años, ha salido a su encuentro para decirle:

“Ven, sierva buena y fiel; entra en el gozo de tu Señor.”

Descanse en paz doña Brígida Domínguez Gallegos. Su testimonio permanece vivo entre nosotros y seguirá alentando a nuestra comunidad del Santísimo Cristo del Ojo de Agua a caminar siempre en los senderos del Evangelio.

Que el ejemplo de doña Brígida siga siendo para la parroquia un faro discreto pero luminoso, de esos que no buscan llamar la atención, pero que ayudan a muchos a encontrar el camino hacia Dios. 

Este elogio fúnebre ha sido adaptado a partir de la Carta a los Cristianos de la Parroquia del Ojo de Agua, correspondiente a enero de 2025.