
Mensaje de los Obispos de la Provincia eclesiástica de Chiapas
Desde el corazón espiritual de nuestra nación, ante el altar de la Morenita del Tepeyac, los obispos de las diócesis de San Cristóbal de Las Casas, Tapachula y Tuxtla Gutiérrez nos unimos al caminar de este pueblo peregrino. Traemos en nuestros pies el polvo de los caminos del centro, la selva, la costa y los altos; y en nuestro corazón, el clamor de una tierra bendecida por Dios, pero herida por la mano egoísta del ser humano. No venimos sólo a pedir; venimos a ofrecer el compromiso de una Iglesia que no camina separada de los gozos y las esperanzas, de las tristezas y las angustias de todos los que vivimos en este suelo.
Como pastores, queremos dirigirnos a todos ustedes para compartir la esperanza que nos viene de nuestra fe en Jesucristo, único camino de vida y de paz (cf. Jn 14, 6). No podemos quedar indiferentes ante el dolor de tantos hermanos nuestros que sufren a causa de la violencia, u otras situaciones, tampoco podemos dejarnos abatir por el desánimo o el miedo.
I.- LAS LLAGAS DE CHIAPAS EN EL MORRAL DEL PEREGRINO
Como Juan Diego, presentamos nuestra «tilma» ante la Virgen, pero hoy está rasgada por realidades que nos estremecen:
- La llaga de la violencia y la inseguridad: Chiapas sigue viviendo una etapa difícil en su historia reciente. El control territorial de grupos criminales ha fracturado la paz social, imponiendo una cultura de muerte que se manifiesta en extorsiones, inseguridad y la pérdida de la libertad. Nos duele el desplazamiento forzado de familias que han perdido sus bienes o, incluso, la vida de algunos de sus integrantes. Si bien es cierto han disminuido los casos de desplazamiento, pero son muchas las personas que siguen sufriendo las consecuencias.
La llaga de la desaparición forzada: La desaparición forzada es un drama doloroso, que no termina con el acto del secuestro, sino que se prolonga en el dolor cotidiano que padecen las familias que no saben dónde están sus seres queridos. Abrazamos con amor cristiano a las familias y madres buscadoras, quienes, como la Mater Dolorosa al pie de la Cruz, encarnan la resistencia del amor frente al silencio y la complicidad de algunas autoridades y la crueldad de los victimarios.
La llaga de la pobreza ancestral y estructural: No podemos ignorar que la violencia actual se alimenta de una deuda histórica. Chiapas sigue siendo el rostro de la pobreza en México; una pobreza que no es falta de recursos, sino fruto de un sistema de exclusión que ha mantenido a nuestros pueblos en el abandono, con un raquítico acceso a los sistemas de salud, sin educación digna y con pocas oportunidades reales de desarrollo integral.
La llaga del drama migratorio: Nuestra provincia es hoy un calvario para miles de hermanos migrantes y refugiados que buscan una vida mejor. Pero también sufrimos la migración forzada de nuestros propios jóvenes chiapanecos, que abandonan sus raíces no por gusto, sino por la falta de seguridad y pan en sus hogares, que termina siendo un caldo de cultivo para la trata de personas, explotación laboral y sexual.
La llaga del daño a la Casa Común: Nuestra tierra, tan rica en biodiversidad, está siendo saqueada. El despojo de los bienes naturales, la contaminación de nuestros ríos, la explotación indiscriminada de minerales y la deforestación de las selvas son pecados ecológicos, que hipotecan el futuro de las próximas generaciones en favor del lucro de unos cuantos.
II.- LA MIRADA DE MARÍA SOBRE NUESTRA HISTORIA
A la luz del Evangelio y de la mano de María de Guadalupe discernimos que esta realidad es una contradicción al proyecto amoroso de Dios, que nos ofrece vida plena:
- La mirada a la dignidad de los Pueblos Originarios: Santa María de Guadalupe se presentó como una mujer mestiza y habló en náhuatl, validando la dignidad de los pueblos originarios, quienes con muchas comunidades de nuestro Estado, son los custodios legítimos de esta tierra. Deseamos que sus sistemas de organización y su respeto por la vida, a la luz del Evangelio, ayuden a establecer lazos de hermandad y de paz.
- La mirada a la «Casita Sagrada» como casa de justicia y paz: El templo que la Virgen pidió no son solo paredes de piedras; es un proyecto de nación donde nadie sea excluido. La Palabra de Dios nos enseña que «la paz es fruto de la justicia» (Is 32,17). No habrá paz mientras el pan sea robado de la mesa del pobre y la justicia sea un privilegio de pocos.
- La mirada a la tierra como don; no como mercancía: El Papa Francisco nos recuerda en Laudato Si’ que todo está conectado. El cuidado de la naturaleza es inseparable de la justicia social. Destruir la creación para generar riqueza pasajera es un acto de soberbia que atenta contra la herencia que Dios nos dio. (Cf 92)
III.- EL RETO DE UNA ACCIÓN TRANSFORMADORA
La fe sin obras está muerta (St 2,17). Por ello, desde esta “casita sagrada”, convocamos a todo el pueblo de Dios que peregrina en nuestras diócesis a una conversión que se traduzca en hechos:
- A los Jóvenes: Ustedes son los «centinelas del mañana». Los exhortamos a no dejarse seducir por las falsas promesas del crimen organizado, que ofrece dinero fácil a cambio de la vida propia y la de los hermanos. ¡Sean artesanos de paz! Usen su creatividad para sanar a Chiapas, siendo protagonistas en sus comunidades y defendiendo la verdad con audacia.
- A nuestras Comunidades y Parroquias: Las exhortamos a ser «hospitales de campaña». Debemos fortalecer la Pastoral de la escucha para acompañar a las víctimas de la violencia y la desaparición. No dejen sola a ninguna familia. Promuevan la economía solidaria y la defensa activa de nuestra Madre Tierra ante cualquier proyecto de muerte.
- A las autoridades de los tres niveles: Les recordamos que el poder es para servir, no para servirse. Sigan procurando acciones para garantizar la seguridad y la justicia e inhibir la impunidad. Es hora de saldar la deuda histórica con Chiapas mediante acciones que respeten la dignidad de los pueblos y no solo con programas asistencialistas que no tocan la raíz de la miseria.
- A los generadores de violencia: En nombre de Dios, les pedimos: ¡Deténganse! No manchen más sus manos con la sangre de sus hermanos. El juicio de Dios es inevitable, pero su misericordia está abierta para quienes deciden arrepentirse y reparar el daño causado.
IV.- UN REGRESO CON ESPERANZA
Hermanos peregrinos: al volver a nuestras diócesis, hagámoslo con el corazón fortalecido. La Virgen nos dice hoy, como a Juan Diego: “¿No estoy yo aquí, que soy tu madre?”. Que este peregrinar nos dé la valentía para ser misioneros de la reconciliación.
Tengamos en cuenta que «la construcción de la paz es una tarea que no admite treguas ni desmayos; es un compromiso permanente que debe mantenerse a lo largo del tiempo, con la convicción de que sólo a través de la constancia en el bien y la participación ciudadana responsable, podremos transformar las estructuras de pecado en estructuras de solidaridad y justicia.» (CEM, Que en Cristo, nuestra paz, México tenga vida digna, n. 224).
Chiapas está llamado a ser un jardín de vida, un espacio de encuentro y una casa común donde se respire libertad. Bajo la protección de nuestra Madre, declaramos que la esperanza es invencible porque está cimentada en Cristo Jesús, el Señor de la Vida. “Sólo en Él encuentra paz el corazón humano y sólo con Él podremos, todos juntos, reconociéndonos como hermanos, recorrer los caminos de la justicia, del desarrollo integral y de la comunión” (S.S León XIV, 14 de abril del 2026).
¡Chiapas, levántate y camina en verdad, con solidaridad y justicia!
¡Viva Cristo Rey y Santa María de Guadalupe!
Provincia Eclesiástica de Chiapas
Desde la Basílica de Santa María de Guadalupe, 31 de mayo de 2026
S.E Mons. Luis Manuel LÓPEZ ALFARO
Obispo de Tapachula
S.E. Mons. José Luis MENDOZA CORZO
Obispo Aux. de Tuxtla
S. E. Mons. Rodrigo AGUILAR MARTÍNEZ
Obispo de San Cristóbal de las Casas
S.E. Mons. José Francisco GONZÁLEZ GONZÁLEZ
Arzobispo de Tuxtla




































