Durante el Encuentro Internacional de Misioneros Digitales, Mons. Lucio Ruiz reflexionó sobre la identidad del misionero digital como discípulo y testigo de Jesucristo, llamado a evangelizar la cultura digital, sanar heridas, construir puentes y acompañar las búsquedas existenciales del hombre contemporáneo.
1. De la misión a los misioneros
Antes tratamos de la misión, ahora vamos a tratar de los misioneros. Nosotros. Y el título es este: Testigos. Que es lo que habíamos dicho antes. Nuestra realidad misionera fue fundamentalmente, empieza por nuestro testimonio de vida.
2. Las preguntas existenciales del corazón humano
Este es nuestro mundo, esta es nuestra cultura. Y en el medio de todo ese ruido, esa fiesta, esa realidad cultural tan viva, tenemos las preguntas existenciales, las preguntas que tocan el corazón de todos.
Por más alegría, por más cosas que se hagan, por más deporte, juego, lo que sea, todos, absolutamente todas las personas del mundo, de la historia, tenemos esos momentos donde nos preguntamos: por qué la vida, de dónde venimos, a dónde vamos, ¿por qué la muerte?, ¿por qué mueren los niños?, ¿por qué la guerra?, ¿por qué esto?, ¿por qué aquello?
Las preguntas que tocan el corazón del hombre. Qué importante es tener en claro: no hay nadie en la humanidad que no tenga ese momento de la pregunta existencial.
Y eso es lo que nosotros tenemos que tener muy claro. Y el por qué siempre tendremos la mejor respuesta que el ser humano pueda tener. Porque Jesús es la respuesta a las preguntas existenciales. No hay ninguna respuesta más hermosa que Jesús.
3. Dos imágenes para meditar al misionero digital
Toma estos dos hechos que son bien bonitos y muy fuertes: el buen samaritano y el caminante de Emaús. Y esto nos acompañará en nuestra meditación sobre el misionero digital.
Esta es la respuesta más hermosa a la pregunta existencial.
4. ¿Quién es el misionero digital?
¿Quién es el misionero digital? Es fundamentalmente el que es discípulo, el que lo conoce, el que lo ama. Y porque es discípulo, entonces ahí es misionero.
Ahí está la regla de causalidad. ¿Por qué? Porque nosotros no podemos callar lo que hemos visto y oído. Así decían los discípulos: lo que hemos visto y oído, eso anunciamos.
El misionero es el discípulo y porque discípulo es misionero.
5. El misionero digital a la luz del camino de Emaús
5.1. Encontrados por Jesús
Entonces, ¿quién es el misionero digital? Y lo analizamos de la mano del caminante de Emaús: el que es encontrado por Jesús.
Jesús en persona, dice el texto, se acercó y caminaba con ellos. La iniciativa no es nuestra, la ternura es la de Dios que viene a nuestro encuentro.
Qué importante es esto. Papa Francisco lo repetía tantas veces. No estamos acá porque somos buenos, llenos de méritos. Estamos acá porque somos elegidos por Él.
La iniciativa es ser encontrados por Jesús. La iniciativa es de Dios. Antes de hablar de Jesús, tenemos que sentirnos encontrados por Jesús.
Toda misión nace de este encuentro personal iniciado por Él.
5.2. Escuchados por Jesús
Después de ser encontrados por Él, somos escuchados por Jesús. Dice el texto: “¿Qué conversaciones son estas que traen mientras van caminando?”
Jesús mismo se preocupa de entrar en la vida de los discípulos que estaban desesperados, que estaban existencialmente probados.
Jesús no comienza predicándoles algo. Pregunta, escucha y camina la historia del sufrimiento de los peregrinos, escuchando el dolor y la pregunta existencial.
La misión, por lo tanto, comienza con este escuchar, comprender y caminar el dolor.
5.3. Explicados por Jesús
A este escuchado por Jesús, otro paso: explicados por Jesús.
Los discípulos estaban explicados y comenzando por Moisés y yendo por los profetas, Jesús les explicó las Escrituras. En realidad les estaba explicando a ellos mismos, estaba iluminando la existencia.
El discípulo entiende su propia vida desde los ojos de Jesús, la perspectiva de Dios.
Tenemos que dejarnos explicar a nosotros mismos desde los ojos de Dios.
Las Escrituras tienen que ser una fuente estructural de nuestra vida. Normalmente usamos la Biblia como citación de nuestras ideas. Pensamos algo y decimos: “como dice Juan…” No es así. Tiene que ser fuente para crear nuestra vida.
El misionero, luego de haber experimentado hacer su vida desde los ojos de Dios, puede ayudar al otro a leer su vida desde los ojos de Dios.
5.4. Acompañados por Jesús
Quédate con nosotros. Y tanto más cuando hablamos de las preguntas existenciales: “Quédate con nosotros porque la tarde cae, porque el día se acaba, la noche se acerca.”
Cuántas veces la pregunta existencial nos agarra en ese momento en que el día ya se acaba, la luz se está yendo, llega un poco la oscuridad en la vida.
El discípulo acoge a Jesús en su vida, que se queda con él, y él se queda con Jesús.
5.5. Comunionados por Jesús
Comunionados por Jesús. La palabra no existe, pero no importa. Francisco lo hacía, tenemos todo permiso.
Lo reconocieron al partir el pan. Parte el pan, desaparece y queda. Queda en la historia, queda en ellos, queda en la palabra.
El misionero busca la comunión con Cristo, sea en el sacramento fundamental, redescubriendo siempre la hermosura infinita de lo que significa Dios con nosotros.
Hay que llevarlo, hay que ser sacramento, hay que mostrarlo, hay que vivirlo.
6. Pecadores, reconciliados y enviados
Él nos elige porque nos ama, punto.
Nosotros somos buenos porque Él nos eligió y porque se queda con nosotros. La moral no es una causa de la relación con Dios, es una consecuencia de la relación con Él.
La causa es su amor. La consecuencia es vivir de su amor y en su amor.
Somos siempre pecadores, aunque no cometamos este pecado, aquel o el otro, porque somos salvados, porque somos queridos, porque somos acariciados, porque somos protegidos.
Pero aunque seamos pecadores, sintámonos siempre reconciliados. Jesús no le tiene miedo al pecado, porque Él no puede perdonar. El único miedo que tiene Jesús es que no nos acerquemos a ser perdonados.
Fundamental: acá ninguno está porque es bueno, sino porque es amado.
No podemos callar lo que hemos visto y oído. Este es el fundamento de por qué tenemos que ser misioneros.
7. La misión digital no es solo redes sociales
Cuando hablamos de misión en espacios digitales, no nos estamos refiriendo al trabajo en las redes sociales solamente, sino a toda la evangelización en la cultura digital.
No es que todo el mundo tenga que crear redes sociales o tener Instagram o YouTube. Las redes sociales son una parte de la cultura digital.
Lo que nosotros tenemos que hacer es evangelizar en la cultura digital.
Significa entrar en la mentalidad, en el lenguaje, en el ejemplo, en la dinámica, en los tiempos de la cultura digital.
La gente de hoy, antes de tener esto en la mano, lo tiene en la cabeza y en el corazón.
Se trata de llegar a la mente y el corazón de las personas. Ese es el punto importante. Eso es la misión digital.
8. Perfil del misionero digital
8.1. Samaritanear los espacios digitales
¿Qué hace un misionero digital? Primero: samaritanea los espacios digitales.
¿Qué hacía el samaritano? Mira, entiende lo que pasa, se deja tocar el corazón, se deja interrogar por la realidad y después se detiene, se acerca, arriesga, se hace cargo con su tiempo, su dinero, su acción, se juega en primera persona.
En la red sucede que se responde antes de escuchar, se enseña antes de comprender, se habla antes de acercarse.
La misión en la red busca personas, no followers.
No tenemos que sumar un millón de followers para ser misionero digital. Prefiero mil misioneros digitales con un follower que un misionero digital con mil followers.
Buscamos acompañar las vidas, no producir contenidos y llenar la red de cosas.
8.2. Tocar la carne sufriente de Cristo
Hoy en la red, ¿cuántas personas expresan soledad? ¿Cuántas manifiestan angustia? ¿Cuántas buscan desesperadamente ser escuchadas? ¿Cuántas viven situaciones de exclusión?
Hay que reparar las redes, porque las redes humanas aparecen muchas veces rotas: vínculos quebrados, comunidades fragmentadas, diálogos interrumpidos, personas aisladas, familias heridas, sociedades polarizadas.
La misión no consiste solo en hablar de Cristo, sino también en ver dónde Cristo no está presente.
El desafío no es producir más contenidos religiosos, es hacer que los espacios sean verdaderamente humanos, interpretados e iluminados por Dios.
8.3. Reparar las redes
Reparar las redes significa:
Reconstruir vínculos donde hay soledad.
Abrir espacios de diálogo donde hay polarización.
Tender puentes donde existen divisiones.
Crear comunidades donde muchas personas experimentan aislamiento.
Ayudar a que la red vuelva a ser un lugar de encuentro y no de confrontación.
8.4. Construir una paz desarmada y desarmante
El Papa nos invita a construir una paz desarmada y desarmante.
Estamos llamados a construir la paz desarmando el lenguaje, las violencias, los prejuicios, las descalificaciones, la lógica del enemigo.
No respondiendo con más agresividad, no imponiendo, no destruyendo, sino construyendo puentes, generando diálogo.
Escuchando antes de atacar, comprendiendo antes de descalificar, respondiendo con respeto, ayudando a generar confianza.
También es importante darse tiempo. No podemos vivir solamente con la lógica del WhatsApp, de la respuesta inmediata.
Un silencio también puede ser una respuesta.
9. El misionero digital al estilo de María
En síntesis, el perfil del misionero digital es ser como María:
Como la Virgen de la Anunciación, que acogió la novedad de Dios en su vida.
Como la Virgen de la Visitación, que llevó la alegría, aunque implicó mucho sacrificio personal.
Como la Virgen de la Espera, que supo esperar los tiempos de Dios y de los hombres.
Como la Virgen del Nacimiento, que supo mostrar a Jesús a todos los que lo buscaban.
Como la Virgen del Silencio, que guardó en su corazón el misterio.
Como la Virgen de Caná, que supo cuando la alegría podía terminar y cómo hacer para que hubiese buen vino de nuevo.
Como la Virgen Peregrina, que nunca se detuvo en el camino hacia Dios junto a los hermanos.
Como la Virgen del Dolor Fecundo, que abrazó al Hijo cuando la hora había llegado.
Como la Virgen de la Resurrección, que vivió el misterio de los cielos nuevos y la tierra nueva.
Como la Virgen de Pentecostés, que acompañó a los apóstoles cuando abrieron las puertas para llevar a Jesús a todos los pueblos.
10. Oración final
Virgen de la Anunciación, Tú que escuchaste y respondiste al anuncio del ángel el designio de Dios, ayúdanos a saber escuchar.
Virgen de la Visitación, Tú que fuiste a ayudar a tu prima.
Virgen de la Espera, Tú que supiste llevar en tu seno nueve meses al Hijo de Dios.
Virgen del Nacimiento, Tú que supiste contemplar el misterio que se realizaba en Belén.
Virgen del Silencio, Tú que supiste vivir cada momento meditándolo siempre en tu corazón.
Virgen de Caná, Tú que supiste entender la situación y la guiaste con sabiduría.
Virgen Peregrina, Tú que a lo largo de tu vida has peregrinado en lo claroscuro de la fe.
Virgen del Dolor Fecundo, Tú que junto a la cruz tuviste en brazos a tu Hijo contemplando la redención.
Virgen de la Resurrección, Tú que te alegraste en el misterio pascual que ha llenado de vida al mundo.
Virgen de Pentecostés, Tú que estabas reunida con los apóstoles esperando el Espíritu, ayúdanos a recibirlo para que no tengamos miedo.
Amén.
11. DIÁLOGO Y PREGUNTAS
Pregunta: ¿Cómo generar procesos en ambientes digitales?
La primera: cómo generar procesos.
Es importante entender que no necesitamos tener miles para vivir nuestra misión digital. Cada uno tiene lo que tiene.
Si vamos directamente a las redes, lean lo que pasa y háganse cargo de lo que dicen. Nosotros no generamos contenido y lo tiramos en la red y que pase lo que pase.
Tenemos que ser responsables de lo que decimos. Las personas que nos siguen tienen confianza en la palabra que decimos.
Si abriste un proceso, ahora hazte cargo. Puede ser que no tengas toda la capacidad o el conocimiento, entonces tienes que hacer alianzas con otros: buscar un sacerdote, un psicólogo, otro misionero.
El sujeto de la misión es la Iglesia, no yo.
Pregunta: ¿Cómo pasar del espacio digital al encuentro personal?
No se trata de llevar inmediatamente a una persona de un primer mensaje a una adoración eucarística de una hora y media.
La pedagogía de Dios desde Adán y Eva hasta Jesucristo fueron miles de años.
En este proceso puede pasar mucho tiempo de acompañar hasta que uno lo lleva a una plena presencia.
Lo importante es tener claro que queremos llevarlo a Jesús y a la comunidad, porque Pentecostés los agarra en comunidad. La Iglesia es comunidad.
Pregunta: ¿Cómo generar espacios digitales intergeneracionales?
Las generaciones son complicadas porque cada una tiene su código.
A veces intentan decodificar más la distancia las generaciones ancianas que las más jóvenes.
La clave del diálogo es el tiempo compartido, sea en el matrimonio, en la familia, también en lo digital. El tiempo es la llave.
Pregunta: Tentaciones del evangelizador digital
La cuestión está en lo que decíamos al inicio: somos misioneros porque somos discípulos.
La verificación está en cuánto discípulo soy para poder ser misionero.
Si uno va presentándose más a sí mismo que a Jesús, e interpreta más la vida del otro desde mi óptica y no desde la de Jesús, hay algo que no está funcionando.
La evangelización es de la Iglesia.
Sobre la validación eclesial de los misioneros digitales
La Iglesia está estudiando de qué manera en un futuro puede validar a los misioneros digitales, como lo hace con un catequista, como lo hace con un sacerdote.
De manera tal que el obispo lo pueda llamar, enviar, acompañar y corregir.
Porque si tienes mil seguidores que escuchan tu palabra, la Iglesia tiene que decir: espera, esto sí, esto no.
Pregunta: ¿Cómo entrar en el lenguaje digital sin caer en una lógica consumista?
La clave es la encarnación.
El infinito se hizo finito. El inmortal se hizo mortal.
La evangelización digital es muy chiquitita y tiene valor de primer anuncio. Las parábolas son el Instagram de Jesús: en un momento presentaba una imagen plástica, un cuento, abría mente y corazón, y después decía: ven y lo verás.
Puede ser pequeño, puntual, pero no ridículo.
Pregunta: ¿Basta con hacer memes y subirse a trends?
No.
Hay que hablar el lenguaje y el tiempo del medio, pero el lenguaje no puede ridiculizar el mensaje, ni por el sujeto ni por el contenido.
Cada uno tiene que darse cuenta de quién es, qué representa, cómo lo hace, cuál es su misión, su lugar y su vocación.





































